Archive for Junio, 2005
TÓCALA DE NUEVO JORGE

(Gracias Bernardo por contribuir desde lejos)

TU EN LUZ DE GAS

TU
Contursi/J. Dames

Llegaste como un rayo deslumbrante de luz
Yo andaba por el mundo sin amor ni quietud
Mis ansias ya se habían refugiado,
Entre las ruinas de mi pasado.
Traías en tus ojos en tus labios tu voz
La cálida promesa de un destino mejor

Tus manos y mis manos se juntaron
Y nuevamente palpitó mi corazón.

Tu con la magia de tu amor y tu bondad
Tu me enseñaste a sonreír y a perdonar
Bello era un grito de rencor
Era el trágico final de mi desesperación
Ves
Todo aquello se esfumó
Como brumas en el mar
Al llegar la luz del sol.
Tu
Milagrosa musiquita de cristal
Tu me enseñaste a sonreír y a perdonar.
Tus besos tus ternuras
Tu ilusión y tu fe
Hicieron el milagro de borrar el ayer
Aquel lejano ayer ensombrecido
Que nunca nunca
Nunca más ha de volver
Tu
Milagrosa musiquita de cristal
Tu me enseñaste a sonreír y a perdonar.

UN ORGULLO SILENCIOSO

Un mundo aparte en un departamento pobre

Con una población que ronda los 90 mil habitantes, el departamento de Tacuarembó, a casi 400 kilómetros de Montevideo y poco más de 100 de la frontera con Brasil sufrió como muchos otros los embates de la crisis económica de los últimos años: cierre o achicamiento de industrias locales, entre ella la tabacalera y frigorífica, desempleo, migración de los jóvenes, vaciamiento de las áreas rurales.
Sin embargo, en su capital, la gente ve con asombro la incipiente aparición de niños pidiendo limosna en una ciudad en la que aún se enorgullecen de vivir con la puerta de la casa sin llave y desconocer las alarmas en los autos para evitar los robos.
Para los locatarios y también para quien mira con ojos de extranjera montevideana, el Hospital de Tacuarembó, donde se atiende 70% de la población del departamento es, en los hechos, un mundo aparte, se mire por donde se mire.
Por algo hasta allí llegan autoridades de organismos internacionales cuando las autoridades sanitarias de todos los gobiernos han querido mostrar su “busque insignia”. Pero también por algo se nutre de jóvenes médicos que prefieren viajar desde Montevideo todas las semanas para trabajar como neurocirujano o como intensivista pediátrica, tal es el caso de la doctora Elsa Tangari, que también tiene un grado de responsabilidad en el CTI del Hospital Pereira Rossell.
“Todos crecimos en el interior y nos permite poder hacer algo por los niños de acá y de los demás departamentos”, dijo a Búsqueda en medio de su ardua tarea en un centro con 12 camas y que está a punto de inaugurar sus nuevas instalaciones construidas con los 40 mil dólares recaudados en el festival “manantial de canto y jineteadas”. En su lugar será instalado el banco de leche materna.
La contribución directa de empresarios o la donación de ganado para ser rematado a beneficio de la institución permitió reunir 100 mil dólares destinados a un centro oncológico equipado con alta tecnología.
La clave de la disposición de la población a contribuir con este tipo de campañas es que siempre ve los resultados concretos, coinciden en señalar médicos, funcionarios y el propio director Ciro Ferreira, quien es capaz de combinar su función de administrador full time con la de cirujano, al tiempo que da órdenes, pide explicaciones sobre tareas asignadas, responde reclamos de pacientes.
Sobre el edificio original construido en 1927, la edificación se ha ido reciclando con los años y transformándose en un complejo con 100 camas de internación y consultorios, rodeado de jardines y amplios ventanales.
Ya no tiene más salas generales sino habitaciones para dos o tres pacientes cada una y baño privado. Los acompañantes tienen sillones confortables donde descansar y si provienen de otro departamento, una “Casa de la Hospitalidad”, cedida por UTE en comodato a la congregación religiosa San Vicente de Paul les permite asearse, comer y dormir sin necesidad de pernoctar en los corredores del Hospital. Este contribuye con la comida y el pago de la luz y el agua.
Pero es también un mundo aparte por las situaciones insólitas que allí se viven y los personajes que las representan. Un cura, el padre Milton, es casi como de la casa. Varias veces al día visita a los enfermos, sean creyentes o no, para apoyarlos y alentarlos. En el local su parroquia, funcionan servicios de rehabilitación física y mental.
Como no están privatizados ni los servicios de limpieza ni los de mantenimiento, los funcionarios son polifuncionales. Hoy son choferes, mañana salen en la campaña para prevenir el dengue, fumigan, arreglan el jardín y utilizan sus habilidades propias para ahorrar dinero. Uno de ellos, fue capaz de reparar una mesa de operaciones importada sustituyendo los amortiguadores originales por un sistema de cremalleras que aplicó también a una pieza similar del Hospital de Maldonado. El servicio técnico de la marca cobraba 15 mil dólares.
La descentralización de sus servicios en policlínicas urbanas y puestos rurales cogestionados con la IMT, la salida extramuros, llevando al lugar donde vive la gente el mensaje de la importancia de la prevención pero también acercando servicios —como consultorios odontológicos ambulantes, distribución de anticonceptivos, análisis diversos, mamografías, el control del embarazo y enfermedades de la niñez ha permitido, entre otros avances, disminuir los índices de mortalidad infantil a cerca de 10 por mil niños nacidos vivos, el guarismo más bajo de todo el país. Hace diez años era de 20 por mil.
Un estudio de imagen y satisfacción de servicios del Hospital de Tacuarembó efectuado por la consultora Equipos Mori en febrero de este año reveló que 9 de cada 10 tacuaremboenses tienen una buena o muy buena imagen de la institución y sus servicios. A pesar de que la mayoría también sabe que el hospital atiende a personas que vienen de otros departamentos, existe consenso de que esta práctica se debe mantener, aún con recursos destinados a los usuarios locales.
Para Ferreira, la clave del éxito y arraigo del hospital reside en la identidad cultural, “el trabajo en equipo y la sostenibilidad de las políticas de salud como política de Estado en lo departamental, por encima de los cambios de gobierno, con la participación activa de todos los integrantes de la comunidad en la búsqueda de la equidad”.