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Archive for Agosto 17th, 2005
LA SONRISA DE MAMÃ, LA MEMORIA DE PAPÃ

Dicen que los viejos pierden la memoria corta a medida que pasa el tiempo, y ganan en la memoria larga. Historias que transcurrieron hace decenas de años, se convierten de pronto en la foto más digital que su archivo pueda darle.
Mi viejo siempre fue muy selectivo para su memoria. Picardías de viejo sabandija, diría mi madre. Nunca supimos claramente porqué allá a finales de la década del 20, lo rajaron de la escuela. Él solamente cuenta que salió de ahí y antes de enfrentar a su viejo con la noticia pasó por la ferretería del barrio y le pidió laburo. Tenía 12 años. De ahí no paró jamás de laburar.
Cuando yo lo conocí, trabajaba como vendedor en una Fabrica de ladrillos, y de eso se jubiló después de darle 45 años de su vida. Todavía hay gente que me dice, “vos sos algo del Coco Canoura?”, y lo que viene a continuación del si, es una larga conversa que habla de lo buen hombre que es, lo paciente, lo solidario, lo optimista…
Barraqueros, obreros, empresarios, gente común y corriente que se le fue cruzando por el camino de toda una vida.
Hace muchos años, cuando yo empezaba a ser una persona conocida en el ambiente musical, grabé un jingle para Pepsi Cola.
Era la primera vez que alguien de la música popular se asociaba con una marca. La verdad sea dicha que el jingle era bárbaro, no porque lo cantara yo, sino porque era una canción buena y tuvo mucha promoción en aquella época.
Un día apareció una pintada en un muro del barrio Buceo que decía “Canoura te vendiste”…Yo entre la bronca y la risa, lo llamé por teléfono a mi viejo y le digo “ viejo, acabo de mancillar el apellido” y le cuento porqué, y mi viejo, que habla poco pero dice mucho me dijo “Dejalos que hablen…te están haciendo un favor”.
Pero lo que yo quería contarles, y por eso arranqué con lo de la memoria, es un cuento que mi viejo siempre hace y es el siguiente:
Parece que en la escuela tenían un maestro al que todos querían y respetaban mucho, que un día, cansado de verlos agarrarse a las piñas en el recreo por cualquier pavada, se consiguió dos pares de guantes de box y los guardó en la dirección. Desde ese día, los gurises, cada vez que tenían algún problemita para dirimir, iban a donde estaba el maestro y le pedian los guantes, cosa de sacarse la rabia pero sin lastimarse. Nunca le pregunté a mi viejo si él los usó alguna vez, y ahora llamo y me da ocupado…Debe ser mi vieja haciendo la ronda matinal con la familia.
Pero intuyo que mi padre, sin tener idea de lo que es el tao de la guerra, era de los que se quedaba quieto, quieto, quieto, dejando que el contrincante se moviera todo lo que quisisera, cansándolo, debilitándolo, hasta asestar un solo golpe, el último.