Cuánto me gustaría que hubiera una disquería en mi barrio como la de la película “High Fidelity”.
Más si ella la atendiera un churrasco como John Cusack y uno pudiera ir y hacer tertulia una tardecita cualquiera, tomando una cerveza fria y escuchando buena música.
Me gustaría que mi disco lo vendieran en lugares así y que el dueño de la disquería se lo recomendara a alguien que no me conoce y por ejemplo va a comprar un disco, que se yo…Norah Jones?
“Te gusta Nora Jones?…Y conocés a la Canoura?Vení, escuchá un poco a ver qué te parece…”
Pero resulta que estamos en el siglo XXI y en el caso que no se lo bajen de la mula, lo compran por E-bay como Pato.
Claro está que por suerte, eso que no pasa con las disquerías pequeñas que desaparecieron o casi(me contó Iaies que en Buenos Aires tienen “Mintons” y que se parece bastante a mi idea de disquería de barrio, inclusive él le dedicó una preciosísima canción que se llama “Tardecitas de Mintons”), pasa con los amigos que recomiendan a los amigos.
“-Boh, viste que la Canoura sacó disco nuevo?
- Si? Otro de boleros?
- No nene, este lo grabó en vivo con Seba y Jorge.
- Pah, que dos esos!
- Si…no? Se divierten de lo lindo esos dos…
- Temas de ella?
- No sé, creo que alguno si…y tangos…
- Tangos???? Piró!!!
- Esta hace rato que piró……”
Una disquería como la librería de Meg Ryan en “You’ve got mail”…
Donde uno pudiera ir a comprar un disco, y sintiera realmente que se está llevando una parte importante de un artista.
Está decidido!
Cuando cumpla los 70, vuelvo a fumar, me dejo el pelo largo y con canas y le digo a Mariana que pongamos una disquería. Eso si, los discos los va a tener que seleccionar el marido…No creo que haya otra alternativa.
