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Tengo libreta de conducir desde hace muchos años…Exactamente desde los 18, gracias a que mi papá lo ponÃa casi como condición al llegar a la mayorÃa de edad…”Las tres a la academia del barrio”. Hace un mes me di cuenta que este año se me vencÃa y empecé a temblar pensando en la amansadora del trámite…Recordé el subsuelo de la IMM, la eternidad de la espera…y cuando ya no me quedaba resto para hacer el trámite, encaré. LLamé por teléfono a una Emergencia Móvil para ir a hacerme el chequeo y pedà me dieran número para primera hora de la mañana, cosa de encarar el trámite municipal desde temprano. Entré en la emergencia a las 8:30 de la mañana.Eso fue rápido, entre que me hicieron todas las preguntas y el exámen no demoramos más de 20 minutos. Salà para la IMM pertrechada con “La diaria”, una libreta donde anoto todo lo que se me ocurre en el dÃa y por las dudas un libro…ah, y el mp3, para no tener que charlar con nadie (estoy en unos dÃas medio caracol y me cuesta más ser gentil y seguir la charla de la gente). Luego de un par de preguntas llegué al lugar adecuado. HabÃa mucha gente esperando, pero también mucha gente atendiendo. Y lo que me dejó más perpleja de toda la situación es que no me dejó tiempo ni de leer los titulares del diario, ni siquiera anotar un par de cosas en mi libreta que tenÃa que hacer al dÃa siguiente! 9:30 estaba saliendo con mi nueva libreta por la puerta de la IMM a buscar mi sucio auto(no lo lavo hace dos meses más o menos) que me esperaba durmiendo, seguramente confiado en lo largo de la espera.
*Frase de “Jacinto Chiclana”, letra de J.L. Borges, música de Astor Piazzolla

