A ZARAGOZA ZI

canta-canoura3.jpg
Nos invitaron a tocar en el marco del día de Uruguay en la Expo Zaragoza el día 27 de Julio próximo.
Nos vamos con Andrés Bedó (piano), Eduardo Mauris (guitarra) y Roberto De Bellis (contrabajo).
Harán lo suyo también Fernando Cabrera, Martín Buscaglia y Jorge Drexler.
Nos vemos?
(Foto “intervenida” de la época de Rumbo. Para los que vieron Hit….de esos momentos.)

01
Junio 19th, 2008 9:49 am

y hará lo suyo la maestra del jardín de nuestra hija, Sandra Lev. Irá a presentar el libro de su autoría, invitada por Santillana.

Arriba “yoruguas”

02
Junio 19th, 2008 5:17 pm

Hola laura… como va?? veo q bien…
es inevitable dejar pasar q en esa foto esta anaclara con la viola… ah no, sos vos.
Impresionante el parecido
Bueno me voy, dejale un saludo y decile q c la re extraña

Jota

03
Junio 20th, 2008 7:16 am

Pero sera de diorrrrrrrrrrrrrr!!! ¿A Zaragoza??? Y los que te queremos ver en Buenos Aires para cuándo, carajomierdaaaaaaaaaaaaaaaa!!!

Besos y esperas.

04
Junio 23rd, 2008 2:03 pm

Deseando se concrete, nosotras 3, ya sabes lo que te extrañamos, pero la esencia es lo que nos importa… lo sabes. Te queremos.

05
Marty
Junio 24th, 2008 10:08 am

Tengo cuatro amigos alla que piensan ir me preguntan si es con repertorio de tango o con cual.Saludos

06
Junio 25th, 2008 3:11 am

¿Me llevás?

07
Junio 25th, 2008 5:56 am

Ginger, yo te llevo…pero voy 4 días!!!Será el viaje más corto de mi vida, eso sin contar cuando vamos a Artigas. Salute

08
Junio 26th, 2008 7:24 am

Creo que Uruguay tendrá en la Expo de Zaragoza a sus mejores embajadores… Me alegra inmensamente que cuando se “muestre” a nuestro pais, se escuche tu voz…
Un abrazo y buen viaje Laura.

09
chuck
Junio 26th, 2008 11:13 am

ah no, zi, no, zi yo digo, zi zi, claro, zi, no no, zeguro…qué viá dezir ná, ¿viste, amistá?, sabélo, de más… ¡¡¡esa foto!!!, fijáte el cajón (que era el más alto) y fijáte lo que hay en el suelo, al lado de tu pie izquierdo, ¡¡¡pura nostalgia!!!

10
el testigo
Junio 26th, 2008 2:42 pm

ya sé a que hace alusión la Bonino xDxDxD

11
Junio 27th, 2008 10:05 am

Chuck….como no recordar ese pobre cuatro partido en mil pedazos por tu graciosa patita? o ese sería uno anterior?
Los cubos los recuerdo mismamente….
Sería que tocabamos sin micrófonos? o era puro acting?

12
chuck
Junio 30th, 2008 2:55 pm

¡¿En Santiago?!, entonces me le das un beso enorme a mariana.

13
Junio 30th, 2008 6:44 pm

por supu…parte de la medicina están siendo los mimos que mandan. Será dado con amorrrrrr….

14
Luz Alvarez
Julio 2nd, 2008 7:43 pm

bien representados estaremos en Zaragoza!
4 días pueden ser una eternidad si te traes la maleta del corazón llena de emoción, buen viaje!

15
Luis Núñez
Julio 26th, 2008 2:08 am

Hola Laura :
Los residentes en Zaragoza estamos de parabienes, vamos a ir sin dudas y nos reconoceras por la bandera de rallas azules y blancas con un sol amarillo.
Nos vemos.

16
elgrajo52.blogspot.com
Julio 5th, 2010 6:12 am

Laura Canoura y Zenia Dolgay, juntas en la “Expo” de Zaragoza (España). 27 de julio de 2008

Estoy en casa de unos amigos, alguien conecta el aparato, suena un CD y la cálida voz de Laura Canoura se derrama por toda la habitación. Entonces me viene a la memoria una tarde inolvidable:
El 27 de julio del 2008 se celebraba una jornada de homenaje que incluía un concierto en honor de la República Oriental del Uruguay, con motivo de la contribución de este país a la Exposición Internacional del Agua, que tenía lugar en Zaragoza (España). En aquel babélico universo que contaba con la adhesión de un sinnúmero de países, y donde las respectivas lenguas se mezclaban por doquier, se expandió de repente una diminuta, pero esplendorosa constelación de artistas compuesta por cuatro estrellas de la canción uruguaya que, como embajadores musicales de aquel país hermano, rutilaban cada una con luz propia. No obstante, si bien todas ellas merecieron los más encendidos elogios y aplausos, a mí me impresionó sobremanera el intenso fulgor que desprendía la voz cálida y aterciopelada de Laura Canoura. Porque es una voz que tiene filo, una voz que se clava en los sentidos como la hoja de un puñal, y cuyo eco es como un ladrón que acecha entre el hueco de dos latidos. Un ladrón que parece esperar el momento oportuno para robarnos el corazón, y al final lo consigue.
Porque es una voz que convoca a la emoción, y porque al escucharla, me dio la impresión de que, más que cantar, Laura, su dueña, estaba rescatando del olvido viejos recuerdos que poco a poco se habían ido deshilachando, como retazos de una vida enganchados en los zarzales del camino. Recuerdos descoloridos que palidecían bajo el sol, y azotados por la brisa como banderas rotas, se mecían lánguidamente a la intemperie, ondulándose entre rosas y espinos, hasta que el paso del tiempo acabó convirtiéndolos en jirones de sombras y quimeras. Por eso, al escuchar aquella voz por primera vez, me embargó la sensación de hallarme ante alguien muy singular, alguien capaz de hacerme sentir al mismo tiempo la rabia y la ternura, “la vergüenza de haber sido, y el dolor de ya no ser”, una voz que incitaba a lanzarse sin paracaídas a la aventura de vivir, aún a sabiendas de que la vida es muchas veces absurda y ramplona, pero también, y aunque sólo sea en muy contadas ocasiones, amable y acogedora como un reencuentro con los viejos amigos después de una larga ausencia.
Al escucharla cantar, enseguida percibí los suaves matices y los coloridos registros que emanaban de una voz amiga, su mensaje de amor a las cosas más sencillas, cifrado a veces en clave de ironía; me entusiasmé con las travesuras que danzaban semiocultas, y ora afloraban o desaparecían, jugando como chiquillos con el pentagrama de una música hecha para ser vivida. Me cautivó la frescura de sus letras, de una sabiduría impregnada con la tierna dulzura militante de los escépticos que están en permanente lucha contra sus propias certezas, los que no alardean de estar de vuelta y aceptan la duda como un estado natural del ser humano. Me conmovió ver en ella esa facilidad para aceptar sin aspavientos las cosas buenas y malas que la vida nos depara, esa serenidad de los que saben amar en silencio y hallar la belleza que atesora la sinceridad; la vitalidad de esos espíritus fuertes, pero delicados y alegres, capaces de sacarnos de la rutina y el sopor que a veces nos adormecen en la apatía de lo absolutamente previsible. Esos pocos y elegidos solitarios que, a escondidas, se recrean en la melancolía (ese raro placer de sentirse triste), y que saben rasgar las telarañas del alma sin hacer sangre.
Personalmente, me entusiasmé con todas las interpretaciones con las que nos deleitó, pero de manera muy especial me conmovió la emotiva versión que hizo de una de ellas, cuyo título no pude retener a mi pesar, aunque sé que hablaba de un amor que agonizaba entorno a unas tazas de café. Confieso que me emocioné con el tono de sencillez y proximidad conque Laura fue desgranando aquel drama narrado en clave de resignada frustración y debo añadir que, por lo que pude ver a mi alrededor donde (por algo sería), reinaba un silencio hipnótico, casi me atrevería a certificar que no fui el único que sintió aquella tarde ese pellizco en el alma que a todos nos duele cuando una canción se intercala en los sentidos, haciendo que entre los pliegues y recovecos de la memoria renazca la nostalgia que nos conduce a la evocación de aquellos viejos amores que por “esas cosas de la vida” no pudieron ser.
Nunca se borrará de mi memoria aquella tarde que pasé junto a Zenia, mi querida Zenia (una mujer que tiene mucho en común con la forma de ser de Laura, porque me consta que ambas comparten el orgullo de haber nacido en Uruguay y la virtud de ejercer de orientales allí donde se encuentren, y sea cual sea la distancia que les separe de su amado “paisito”), pero, sobre todo, porque, a las dos les une el orgullo de ser y sentirse mujeres hasta la médula, mujeres que ponen el corazón en todo lo que hacen.
Antes del concierto, Zenia y yo habíamos disfrutado degustando en el restaurante uruguayo de la feria (y no exagero si digo que fue, con mucha diferencia, el que mayor éxito cosechó entre los muchos restaurantes de diferentes países que había allí) deleitándonos con los asados, los churrascos, las entrañas, el dulce de leche, y otras bendiciones de la gastronomía uruguaya, una de las más contundentes y sabrosas que he probado en toda mi vida, donde fuimos atendidos con exquisita amabilidad por unos profesionales que le hacían sentirse a uno como en su propia casa. Pero lo mejor vino después, cuando a la salida del concierto tuvimos la agradable sorpresa de coincidir con Laura, y charlar con ella unos minutos, pocos, pero los suficientes para poder comprobar que a pesar de ser una artista consagrada, ella no adolece de esa distante aureola de vanidad con la que, por desgracia, se envuelven otras figuras del arte en general, porque sabe ir por la vida con una sencillez y naturalidad que para sí quisieran muchas otras “divas” que probablemente no le lleguen ni a la suela del zapato. A petición nuestra, y muy amablemente, Laura se brindó sin vacilar a posar con Zenia para esta foto, en la que yo no salgo porque, aparte de que alguien tenía que hacerla, seguro que hubiera desentonado entre las dos bellezas.
Lo dicho, una jornada inolvidable.

Y como soy un metomentodo “gallego” de nacimiento pero con vocación de universal (en realidad soy aragonés, pero ya sé que en toda la América de habla hispana a los españoles, seamos de donde seamos, se nos conoce por “gallegos”, lo que no deja de tener su gracia), no quiero dejar pasar la oportunidad de enviar desde esta página un cordial saludo a todos los uruguayos, y hacerlo extensivo a todos los hermanos de la otra orilla. Quede para todos ustedes mi más sincero cariño. También quiero aprovechar la ocasión para invitarles a participar con sus comentarios en mi modesto blog, que estará siempre a su entera disposición, y que espero poder enriquecer con los diálogos y opiniones de algunos de ustedes, por favor, ¡anímense! y mientras tanto, reciban un sincero y fraternal abrazo de este “gallego” enamorado de toda Latinoamérica y de sus gentes.

Francisco Alegre Yolé (Mi paredro)

Zaragoza (España), 21 de junio de 2010

Ya de regreso a mi casa, noté como iba creciendo en mi interior algo así como una melodía muy familiar, unos ingenuos versos que se iban engarzando en un encadenamiento totalmente ajeno a mi voluntad. Era la historia de un amor de un día, cuyo final no era feliz, porque las historias de amor raramente acaban en finales felices. El sol había huido por el Cerro, y de pronto sobrevino la oscuridad. El Dios de la lluvia de los Churrúas lloraba sobre Montevideo, y las calles se vistieron de luto para la ocasión. Las veredas hacían guiños a los transeuntes, lanzándoles destellos de charol.
Así nació:

La canción de Laura

Son cosas del clima de Montevideo,
recién que el sol brilla sobre los tejados,
el viento del Norte se agita al voleo
y en un refusilo se forma el nublado.

Los sapos se excitan, desovan los peces,
si estás en Lezica y esquina a Lanús,
no lo pienses mucho, mejor te guareces
cerca hay un boliche con tangos y “blus”.

En una de aquellas la encontré llorando,
libando su pena con triste placer,
el vino y la pena la estaban matando,
que a veces al vino le da por joder….

Aún quema mis labios, el nombre extranjero
con sabor a menta, de aquella mujer,
y su llanto amargo como el aguacero,
que tras la vidriera, miraba caer….

Rubia de “aguajane” como la cerveza,
su boca encendida en ardiente tizón,
sus ojos dos pozos de inmensa tristeza,
quedaron clavados en mi corazón….

Un fuelle sonaba con suave cadencia,
me aceptó la chance de tomar café,
y entre sorbo y sorbo, me habló de la ausencia
de un hombre de paso, que vino y se fue.

Luego el local se fue llenando
del triste son de una canción
que en la pianola iba girando,
con el llorar del bandoneón.

Entre pucho y pucho, se fueron mezclando,
volutas trenzadas con humos de ayer,
junto con las notas dolientes de un tango,
que ella repetía, como sin querer.

Su corazón, bolichero,
se fue ajustando al diapasón
del viejo tango arrabalero,
que la incitó a la confesión:

“Ya nada importa, compañero,
vengo cargando mi obsesión,
y caigo en brazos del primero
que me susurre una canción”.

Subimos a un telo, muy cerca del río,
hay habitaciones, guiñaba un cartel,
las notas llegaban al cuarto sombrío,
Canoura cantaba tangos de Gardel.

Y en la penumbra confidente
del tibio hotel de rotación,
fue derramando lentamente
la amarga hiel de su aflicción:

Soy como un bajel, varado,
que embarrancó en el atolón,
yo lo creía enamorado,
y me pagó con la traición.

Capaz, me dijo, me ha olvidado,
yo sin embargo, no podré
porque la huella que ha dejado
no se ha borrado de mi sien.

Quizás fue la pena, decir no sabría,
que a cambio de un beso, mi amor le ofrecí,
bien pronto lo supe, nunca me querría,
y aún guardo aquel beso, que nunca le di.

Poquito a poco fui acoplando
mi desengaño a la canción
que la Canoura iba cantando,
mientras lloraba el bandoneón.

Rodaron dos perlas sobre sus mejillas,
y el tango llegaba trepando al balcón,
tuve que apoyarme, y en la barandilla
sin que ella me viera, lloré de emoción.

Dejé con amargo, sabor a fracaso,
el cuarto en penumbra, que nos alojó.
No quise mirarla, pensando que acaso
tal vez me llamara, pero no llamó…

Y tanto y tanto fue sonando
entre nosotros la canción,
que se le terminó clavando
en el envés de la razón.

Respirando rabia, dejo el manicomio,
me muerdo los puños si la oigo cantar,
y como si fuera cosa del demonio,
desde este boliche la escucho llorar.

Y en el marasmo evanescente
de su delirio engañador,
quizás se hilvanen en su mente
varios retales de su amor….

Y por eso, tabernero,
cuando amenaza con llover,
me apronto por si el aguacer
me la quisiera devolver…

FIN

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