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LAS CANCIONES DE PIAF
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Me crié en una típica familia de clase media trabajadora, donde la educación pública era más una opción filosófica que una necesidad.

En plena adolescencia, mientras el liceo abría para mí un mundo de posibilidades e intereses, apareció el fránces. Materia exótica que siempre daban profesoras amables y cultas que usaban “sacoche” para llevar los libros, comían “brioches” con el café en la bedelía y me hicieron amar a Brassens, las creppes y los buenos perfumes.

En verano, a la hora de la siesta traducía “Le petite prince” de una preciosa edición en francés que tenía mi hermana. Y si aparecía una guitarra en los encuentros con amigos, había aprendido a tocar la de Françoise Hardy “Le premier bonheur du jour” o una que se llamaba “Si tu a besoin d’un ami” de Richard Antony.

Tenía 15 años y me movían intereses amorosos más que vocacionales.
Pensaba que cantando en francés aquél que me gustaba se iba a fijar en mi,
y ni se me pasaba por la cabeza que algún día, esa semillita tan bien plantada
por otros y regada por mí iba a abrirse en una rosa bella, perfumada y llena
de espinas que se llamó “Piaf”.

Fueron meses de estudiar, aprender, imitar, sufrir y reírme de mi misma.
Cuando por fin, después de tanto esfuerzo propio y ajeno me subí al escenario para representar la vida de Piaf fue como abrir una puerta interior para dejar pasar mucho más que una hora y media de canciones y textos. Sentía una revolución interna en cada función.

Las canciones venían a mi desde un rincón oscuro, de una memoria que no era solo mía. Pasaba por mi diafragma, mi pecho, mi garganta; salía por mi boca, pero la que sonaba en el monitor no era yo. La voz era más diáfana, más vibrante, nasal, aguda. Descubrí que podía cantar día tras día sin cansarme, sin sufrir.
Que esas canciones hacían un trabajo dentro de mí que yo no podía controlar pero que sin lugar a dudas me llevaban por un camino nuevo y gratificante.

Después de 6 meses cantando en francés no deseaba otra cosa que volver a mi viejo y querido repertorio de cantante popular. Año tras año se fueron sucediendo discos y espectáculos que quiero, que me hicieron crecer como persona y como artista, pero la Piaf aparecía cada tanto. Sobrevolaba mis repertorios y bajaba para cantar conmigo “L´hymne à l’amour” o “ La vie en rose”.

Dejó en mí el gusto por vestirme de negro, ciertos gestos con las manos y un color en la voz que sólo aparece cuando canto las canciones de Piaf.

(Con Andrés Bedó en un precioso piano de cola)

MADRE HAY UNA SOLA

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Por antonomasia parecería ser que padre puede haber más de uno…
De la misma manera que tengo varios hombres en mi vida que dicen ser mi primer amor (la primera miradita, el primer beso en la mejilla y así hasta el infinito de la imaginación), hay muchos que creen haber sido dueños de mi paternidad artística.
Varios son los hombres (ninguna mujer me dijo jamás algo al respecto) que dicen haber sido mis mentores, mis guias, los que me dijeron “vos tenés que dedicarte a cantar”, los que crearon mi carrera, los que me dieron el empujon fundamental…
Inclusive hay gente como Sergio, comentarista de este blog que dejó su mensaje en el post anterior que dice lo siguiente:
“no te olvides que en el sucucho ese que te referis a chantclaire vos empezaste los dias martes gracias a tambaco asi que no seas desagradecida que ese sucucho como le decis vos te hizo conocerte chantclaire era la unica discoteca abierta de lunes a lunes”
Para Sergio seguramente, tocar en Chanteclair, me hizo más conocida que cantar en Rumbo, grabar con Jaime Roos o tener un disco de oro en el 90….
Puede ser.
Talvez yo no lo vea tan claramente y le pido disculpas si es así.
Me acuerdo, eso sí, de que el escenario era minúsculo. Apenas cabíamos todos tocando. También recuerdo que la última vez que tocamos ahí estaba lleno de marineros franceses. Que por supuesto estaban bastante borrachos y no entendían nada ni les importaba mucho lo qeu yo cantaba. Por suerte, estos señores estaban acompañados de sendas “mujeres de vida fácil” (si, fácil…quién inventó el término…un hombre?) que sí escuchaban,sí entendían y además de aplaudir a rabiar, los hacían callar para poder hacernos los coritos de Andenes por ejemplo…
Yo no me olvido de nada…
Algunas recuerdos tienen más importancia que otros…simplemente.
Gracias Dani por acudir en mi defensa nada menos que con un caballero armado como la RAE!!!

VUELVO

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Era abril del ‘84.
Como se puede apreciar yo me tomaba las cosas muy en serio en esa época…
Tocábamos con Rumbo en el Franzzini en uno de los festivales de Canto Popular que nos juntaba a todos en una eterna jornada de música desorganizada.

Veo que tengo una camisa a cuadros que hoy me robaría mi hija, unos tiradores que sostenían un vaquero (en aquella época me permitía algunas libertades en el vestuario), unas divinas caravanas de mi madre que ya no exísten…Esta foto creo que la sacó el Mudo Dabezíes y después la estampó en El Dedo, prehistoria de Guambia.

Todos estábamos contentos. Se terminaba la dictadura y pensábamos que lo que habíamos soñado durante años, iba a llegar todo junto y a borbotones.

Y todo esto porque me puse a buscar una foto mia de la época en que todavía estudiaba en la Facultad de Arquitectura.
La cosa es que vamos a tocar el lunes 15 en tan magno lugar…Es la semana del estudiante y tuvieron la gentileza de invitarme a tocar en mi vieja Facultad. Será como a las 19:30 horas y estaré acompañada por Andrés Bedó en piano, Eduardo Mauris (ex arquitectura también) en guitarra y Roberto De Bellis en contrabajo.
Nos vemos?