Archive for the 'PROSA' Category
LA META SIEMPRE ESTÁ EN MOVIMIENTO

lights.jpg
No recuerdo cuando fue la primera vez que canté un tango…
Seguramente fue poco tiempo después de perpetrar “Di blu, di pinto di blu” y según el mito familiar eso lo hice antes de decir mamá.
En mi casa materna/paterna siempre se cantó tango, siempre se escuchó tango.
Yo lo detestaba porque era cosa de viejos, como la Radio Clarín o los partidos de fútbol en la radio los domingos de tarde.
Igual, en el viejo fusca de mis padres, cuando íbamos en el largo viaje de Montevideo a Lagomar rumbo a “la casita de mis viejos”, construida con amor y sacrificio, cantábamos todos. Era la manera de mantenernos entretenidas…sobre todo a mi, que era la más chica y seguramente la más incordio. Nunca supe, hasta mucho después, que esas canciones que mis padres nos enseñaban para acortar el viaje, eran casi todas tangos.
Así me sabía la letra de Cuartito azul, o Volver, al mismo tiempo que tarareaba “Bésame mucho” o pretendía cantar “hy Lili” en un inglés que creía era perfecto.
También estaban los domingos y mi viejo cantando alguno a viva voz desde la cocina, para ver si así lograba que sus hijas se levantaran.
Después en la sobremesa familiar, y con la guitarra, entre las canciones de Jarcha, Serrat o Zitarrosa, aparecía como lo más tango que mi adolescencia aceptaba “Chiquilín de Bachín”. Por suerte ni me acuerdo como la tocaba, porque seguro era una vergüenza, pero debo reconocer que era uno de mis caballitos de batalla.
Ya instalada en esto de cantar con público, después de la rica experiencia con Rumbo y en pleno romance con el pop y Jaime Roos, descubrí el placer de cantar tangos cuando nadie me veía, gracias a Esteban Klisich.
Mi hija era recién nacida y Esteban iba a casa a ensayar un supuesto espectáculo que haríamos y mientras me hamacaba en el sillón de mimbre con ella en los brazos él tocaba tangos que yo conociera.
Después vinieron Hugo Fattoruso, la Filarmónica, Gustavo Nocetti, Adrian Iaies, y mi amigo y guitarrista Jorge Nocetti que se fue animando conmigo a incorporar tangos en nuestro repertorio.
De todos he aprendido todo…y de escuchar mucho, como siempre he hecho, tratando de aprender a frasear como Pichuco, o decir como el Polaco o interpretar como Gardel. No sé si lo he logrado. Tampoco me importa mucho porque aprendí hace mucho tiempo que hay que disfrutar el camino, sobre todo, ya que la meta siempre está en movimiento.

COMO UN QUESO GRUYERE
MUJERES ROTAS