Nunca estuvimos enamorados.
Él simplemente me presentó a Joni que fue mi mejor amiga por siempre jamás.
Yo después se la presenté a José que estaba sad en los jardines del Palacio.
Puse la música en sus orejas y le hice entrar suavemente
a “My old man”.
Y eso alivió su pena.
Y después, un poco después nosotros sà nos enamoramos.
Él era mi amigo.
O por lo menos yo asà lo creÃa.
Y me presentó a Joni que era capaz de hacerle una cancióna a un pastito verde y destrozarte de ternura y emoción.
Él era mi amigo.
Y me ayudó a soltar las primeras lágrimas dulces
oyendo una música que tocaba el alma.
Después la vida descruzó nuestros caminos.
Pero él me presentó a Joni.
Y yo vuelvo a ella como a los primeros amores,
cuando peno por desamores.
Y ella me trae torrentes y esas tristezas y lapsang souchons.
Entonces todo lo malo desaparece y sólo quedan
“blue songs are like tatoos”.
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Los que han hecho dietas para adelgazar saben que se le llama meseta al estado en el que no podés ni subir, ni bajar un gramo. Inclusive haciendo estrictamente lo que sabés que tenés que hacer para cumplir con tu objetivo, que en ese caso es bajar de peso.
Meseta.
según la enciclopedia Encarta :
“en geologÃa, forma de relieve extendida y poco accidentada, cuya parte superior es plana u ondulada”.
Algo parecido dice de la Llanura.
“Las llanuras necesitan millones de años para su formación, por lo que la superficie debe ser estable.”
Quieta, millones de años quieta, para que no surja nada que provoque subidas o bajadas.
Según el Word, si busco sinónimos de la palabra estable, me sale: firme, invariable, inquebrantable, decidido, entero, persistente, duradero.
Voy a quedarme firme
Tan invariable que no se note en el paisaje
Con un propósito inquebrantable
Que Después de todo ya estaba decidido
No hay nada en el mundo entero
Que sea tan persistente
Y duradero
Como el dolor.
Una noche, hace ya muchos años, estando de gira con mis músicos por alguno de los paÃses tropicales de nuestra América, en aquel hotel no se podÃa estar de tanto calor que hacÃa. Hasta las lagartijas huÃan agobiadas por la temperatura. Yo salà de mi habitación y fui a buscar a “mis muchachos” para ver si no querÃan salir a dar una vuelta, a tomar algo, pero ninguno estaba en vena aquella nocheÂ…(Cosa rara en un músico, siempre comedido para pasear y beber). Pedà en la recepción que me recomendaran algún lugar para ir, y me indicaron en un pequeño mapa de propaganda, un pequeño café que quedaba cerca del hotel, donde podrÃa tomar algo y quizás, ver algo de música en vivoÂ…Caminé esas pocas cuadras en soledad, en aquella calurosa y estrellada noche de febrero hasta que di con el lugar indicado. Era verdaderamente un pequeño lugar, de unas pocas mesas, y seguramente era muy temprano, porque me senté en una mesa y me convertà en la única parroquiana del lugarÂ…Debo confesar que no andaba bien en esos tiempos. Acababa de dejar una amor en el camino y como las cosas que se miran a la distancia, parecÃa que todo lo que habÃa dejado era perfectoÂ…como un cuadro que visto a lo lejos oculta las pinceladas toscas de un pintor sin talentoÂ…Estaba tristeÂ…entonces pedà un margaritaÂ… y la noche calurosa empezó a refrescarÂ…venÃa un perfume de gardenias de un jardÃn vecinoÂ… ese margarita estaba fresco y lo tomé de un trago. Pedà otro, y mientras empezaba a saborearlo aparecieron 4 músicos que subieron al pequeño escenario de aquel bar. Afinaron sutilmente y comenzaron a tocar una canción tras otraÂ…Cada una más triste que la anteriorÂ…y todas parecÃan dirigidas a miÂ…Mi pena crecÃa, las copas de margarita iban quedando en mi mesaÂ…y aquellas canciones eran cada vez más tristes Â…Y asà canción, margarita, canción, margaritaÂ….No recuerdo como llegué al hotel finalmente, pero si recuerdo que esta fue la canción más triste que hicieron para mi aquella noche.
(texto de Laura Canoura sobre idea original de Ana Solari para el espectáculo Bolero, basado en el personaje de Diva)
